El otro día, en Twitter, María Elena Higueruelo anunció algo interesante: a lo largo del verano y a través del propio Twitter, va a ir compartiendo un diario de lectura, y siempre que María Elena Higueruelo escribe algo nuevo y decide enseñarlo al resto de mortales sobre la faz del planeta es una buena noticia. Marta opina lo mismo que yo. "Con María Elena me pasa que siento unas cosquillas en la barriga y se me acelera el pulso", me dijo tras leer las primeras entradas del diario. Luego me confesó que no sabe definir el estilo de Higueruelo, pero que lo ve "desnudo, sincero, cristalino". "Eso es una definición", apunté. "Me refiero a definir de forma académica", dijo. Y se rio. Otra vez lo académico tratando de estropear la belleza de lo espontáneo.
viernes, 2 de julio de 2021
Querencia al mito
domingo, 22 de noviembre de 2020
La mirada de tigre
Sábado.
miércoles, 21 de octubre de 2020
La ejecución
Martes.
23:28
Ayer,
Ansu Fati marcó un gol con la espinilla para deleite del
frangollero y para espanto de los puristas. Con la espinilla, sí, pero para
adentro que fue la bola, como también acabó en la red aquel otro balón que
golpeó de puntera contra el Celta, aunque algunos estirados se tiraran de los
pelos. Lo importante no fue la estética de los goles, sino que ambos le dieron
puntos al equipo. Aún me acuerdo de un aplaudido y barroco tanto de Tristán
ante el Mónaco, uno de los mejores de la Champions 2003-2004, pero no sirvió para
nada: su equipo, el Dépor, cayó por 8-3.
Hay cierta similitud entre marcar
con la espinilla y hacer el Periódico J. Ambos casos consisten en la búsqueda
de la solución más efectiva para un problema, llámese tener que rematar un mal
centro esquivando la presión de un defensa, llámese tener que finiquitar 56
páginas en cuatro horas entre seis personas. La belleza es algo secundario si
se logra el objetivo: anotar un gol que sea trascendente para el resultado
final o entregar las páginas a tiempo para que la edición de mañana se reparta
a su hora. Qué más da que el remate sea feo o que haya erratas. Al día
siguiente nadie recordará la confección, sólo la consecuencia.
Pero
incluso en el pragmatismo hay escalas. El año lo desconozco, pero tuvo que ser,
supongo, en los impetuosos noventa. El exbético Poli Rincón afrontaba los
exámenes técnicos para sacarse el título de entrenador de fútbol, uno de los
cuales consistía en rematar de cabeza tres centros laterales. Rincón, consumado
cabeceador a pesar de su estilo poco ortodoxo, batió al portero las tres veces,
pero, sin embargo, suspendió el examen. Cuando le pidió explicaciones al
examinador, la respuesta que obtuvo fue contundente: "Usted no ha
ejecutado bien los remates". "¡Pero si he metido los tres!",
exclamó el siempre pasional Poli, quien, a base de remates mal ejecutados,
había marcado más goles en Primera con el Betis que ningún otro. Su récord de
78 tantos lleva sin batirse más de treinta años. Nadie recuerda cómo anotó
ninguno. El 10 de mayo de 1995, Nayim hizo lo más práctico que puede hacer un
futbolista que se encuentra un balón botando en el centro del campo con un
portero adelantado: pegarle fuerte y muy arriba para probar suerte. Aquella
rústica apuesta le salió perfecta. Batió a Seaman, el Zaragoza se impuso al
Arsenal 2-1 y se llevó la Recopa. Fue uno de los únicos cinco goles que Nayim
marcó en cuatro temporadas en el conjunto maño. Nadie recuerda cómo fueron los
tantos de Rincón, todos recuerdan el gol de Nayim. Hacer el Periódico J.
Escribir. He ahí la diferencia.
martes, 13 de octubre de 2020
Despedidas
Lunes.
23:39
María
Elena Higueruelo, en ‘Los días eternos’, asegura que la despedida comienza
mucho antes que la separación, y es cierto. Yo llevo diciendo adiós durante al
menos un año y medio al Periódico J aun sin saber en qué fecha exacta dejaré
esto, pero sé que lo dejaré, y eso me basta en este caso atípico. Las
despedidas no suelen ser tan precoces, sino que empiezan cuando la separación
está cerca. Recientemente he vuelto a comprobarlo. N. y yo hemos dejado el piso
de la calle San Clemente -ni dos semanas hace-, y aunque supimos en agosto que
nos iríamos en octubre, en mi caso los adioses no comenzaron hasta la última
semana de septiembre. Y digo adioses, y no adiós, porque, en efecto, cuando la
separación ya era inminente, mi día a día se llenó de posibles últimas veces.
La posible última vez que miraba por la ventana de ese salón, la posible última
vez que escuchaba al estanquero abrir la puerta del local desde ese sofá, la
posible última vez que usaba la vitro en esa cocina, la posible última vez que
me duchaba en ese cuarto de baño escuchando 'Los mejillones tigre', el posible
último lunes, el posible último martes, el posible último miércoles entre esas
paredes... esto es, las posibles últimas veces de cosas que, en esencia, volveré
a hacer, que volveré a vivir, pero nunca más allí ni en las circunstancias que
al hacerlo allí se daban, nunca más en el espacio único que ocupan esa ventana,
ese salón, ese sofá, esa cocina y ese cuarto de baño, nunca más en la
microparte del universo contenida entre esas paredes. Uno es en cada momento la
suma de cuanto hace y le rodea -de cuanto hace según lo que le rodea- y eso
incluye este conjunto de ripios y nimiedades. Por ello, cuando alguien parte de
un lugar sabiendo que nunca regresará, no sólo se separa de este, sino también
de una fracción de su yo con la que tampoco volverá a reencontrarse y que, con
el tiempo, quedará en el olvido. Dependiendo del caso, tal clase de olvido
hasta puede llegar de forma instantánea, porque incluso en el sincero acto de
decir adiós se cae en la discriminación si no se tiene en cuenta ese
yo-fragmento. ¿Existe una angustia mayor que el miedo a olvidarte a ti mismo?
domingo, 27 de septiembre de 2020
Aniversario
Martes.
lunes, 21 de septiembre de 2020
Parónimos
Viernes.
20:30
A principios del siglo XX, el
publicista francés Auguste Derrière se convirtió en el maestro de lo absurdo.
Fue gracias a su particular concepción del eslogan, de cuyos divertidos juegos
de palabras que provocaban la risa floja del personal hizo su sello inconfundible.
Sin embargo, con el paso de los años cayó, de forma inexplicable, en el olvido.
En esa cueva inhóspita permaneció hasta que un grupo de publicistas decidió
rescatarlo hace algún tiempo. A modo de merecido y necesario homenaje, estos
profesionales elaboraron una serie de falsos anuncios humorísticos basados en
el estilo Derrière y los plasmaron en sendas placas decorativas. Una de ellas
recorrió océanos de tiempo pasando desapercibida ante decenas de ojos hasta
llegar hoy a mis manos en el piso de Toledo al que acaba de mudarse Marta por
trabajo. Sobre un fondo verde esmeralda, un campesino porta una carretilla con
gigantescas mazorcas de maíz que emiten una alegre melodía. "Pour vos
repas musicaux, préferez plutôt le maïs Davis". Quien no pille el uso de
la paronomasia es que no ha hecho de madrugada el viaje de regreso de una boda
en un coche semiautomático sin poder pasar de primera y escuchando Radio 3.
Sábado.
12:42
Ronald Koeman ha comunicado a
Riqui Puig que no cuenta con él en la primera plantilla del FC Barcelona esta
temporada. La noticia ha causado cierta sorpresa, acaso indignación en algún
que otro parroquiano, pero no precisamente porque el jugador haya deslumbrado,
más allá de escasos destellos esperanzadores, cuando ha tenido oportunidades.
Si se analiza el asunto fríamente, el motivo de la indignación o esa clase de
tristeza es que se desvanece la posibilidad de que la búsqueda del ansiado
heredero de Xavi Hernández haya concluido. Sus nombres no son parónimos, pero
sí se asemejan en su estilo de juego y hasta en su morfología. Canteranos,
catalanes, menuditos, dinámicos, amigos del pase en corto y gurús de la
solidaridad en el campo. Ver o esforzarse en ver en Puig al delfín de Hernández
era comprensible, no culpo al culé por ello puesto que la simple idea
emocionaba incluso al blaugrana profano, más aún en época de vacas flacas. Pero
las ansias por cubrir el trono vacío han ocultado durante estos años una
realidad quizá no tan cruda como cabe pensar al principio: Riqui no da la talla.
Al menos, no todavía. Y en cualquier caso, si llegara a conseguirlo, su
cadencia futbolística no será la misma que la de Xavi, del mismo modo que
Auguste Derrière sólo hubo uno y que no existe melodía comparable al 'So what'
una tarde de silencio, cafeína y celaje.
sábado, 8 de agosto de 2020
Veintiséis años
Martes.
20:34
Hoy tenemos suplemento especial de verano. Es
la peor tarde de toda la semana. La redacción es un caos y necesito aire
fresco, aunque lo de fresco en Jaén, en agosto, sea un decir. Salgo a la puerta
a orear la cabeza, como tantas otras veces desde que entré a currar en el
periódico hace ya un año y pico. Poco después empecé este diario que no es
diario -no sé de qué otra forma llamarlo-. También para orear la cabeza. Aquí
mismo, a la entrada de la redacción, escribí el segundo 'capítulo' -el primero
con vocación de formar parte de un todo-. Echo un vistazo alrededor: nada ha
cambiado desde entonces. El concurrido asfalto, la escasez humana, la fachada
del hospital, el amplio silencio. De repente siento nostalgia y cierta pena.
Exceptuando menudencias, yo también soy prácticamente la misma persona que era
entonces. Con las mismas aspiraciones, los mismos sueños. "¿Qué has hecho
para tener esos sueños más cerca, Manu Ibáñez, redactor de Provincia del
Periódico J? ¿Qué cojones has hecho?", me reprocha el yo de 2019. Para
responderme recurro al método socrático. "¿Sabes tú cuáles son esas
aspiraciones, Manu Ibáñez del año pasado, también redactor de Provincia del
Periódico J? ¿Lo supiste en algún momento?" Y el Manu Ibáñez del año
pasado, también redactor de Provincia del Periódico J, guarda silencio. Me
recuerdo que me han publicado tres artículos en dos webs y que eso me puso
contento en su momento. Me digo que he sacado temas importantes en el
periódico. No está mal el de mañana: 'El coche robado en Torrequebradilla que
apareció en Jaén con un muerto'. "¿Importantes para quién?" El
contraataque del redactor de Provincia del Periódico J de 2019 es kloppista.
Ahora decido no responder. No quiero hablar más por hoy. Este año ha sido
demasiado largo.
Viernes.
13:18
Esta tarde entrevisto a 'El
Brujo'. No me he dado cuenta hasta hoy, pero es algo que llevaba esperando
desde... ¿desde cuándo? Siendo muy pequeño, me llevaron a una actuación suya en
mi pueblo, que es también el de su infancia. Pensaron que me iba a quedar
dormido. Normal, con tan pocos añitos. Sin embargo, aguanté hasta el final
ojiplático. Es lo que me cuentan, claro, aunque de aquello retengo algunas
imágenes, entre otras, la de su improvisación fuera de escenario, cuando el
público se retiraba, ya por la Plaza de la Cruz. Su nombre oficial es otro,
pero no lo recuerdo. El de la plaza, digo. Como estoy delante del ordenador,
consulto la hemeroteca. Palabras clave: RAFAEL ÁLVAREZ; fechas: de enero del 90
a diciembre del 95, cuando yo no era ni demasiado chico ni demasiado grande.
Aparecen muchos resultados. 'El Brujo' representó 'El Lazarillo' en
Torredonjimeno en el 90 y 'La sombra del Tenorio' en el 94. Esta última obra
tuvo que ser la que yo vi. Veintiséis años desde ese día hasta la entrevista de
hoy. Veintiséis años esperando algo sin ser consciente de ello. Veintiséis años
que se han pasado de golpe.






