sábado, 8 de agosto de 2020

Veintiséis años

Martes.
20:34

 

Hoy tenemos suplemento especial de verano. Es la peor tarde de toda la semana. La redacción es un caos y necesito aire fresco, aunque lo de fresco en Jaén, en agosto, sea un decir. Salgo a la puerta a orear la cabeza, como tantas otras veces desde que entré a currar en el periódico hace ya un año y pico. Poco después empecé este diario que no es diario -no sé de qué otra forma llamarlo-. También para orear la cabeza. Aquí mismo, a la entrada de la redacción, escribí el segundo 'capítulo' -el primero con vocación de formar parte de un todo-. Echo un vistazo alrededor: nada ha cambiado desde entonces. El concurrido asfalto, la escasez humana, la fachada del hospital, el amplio silencio. De repente siento nostalgia y cierta pena. Exceptuando menudencias, yo también soy prácticamente la misma persona que era entonces. Con las mismas aspiraciones, los mismos sueños. "¿Qué has hecho para tener esos sueños más cerca, Manu Ibáñez, redactor de Provincia del Periódico J? ¿Qué cojones has hecho?", me reprocha el yo de 2019. Para responderme recurro al método socrático. "¿Sabes tú cuáles son esas aspiraciones, Manu Ibáñez del año pasado, también redactor de Provincia del Periódico J? ¿Lo supiste en algún momento?" Y el Manu Ibáñez del año pasado, también redactor de Provincia del Periódico J, guarda silencio. Me recuerdo que me han publicado tres artículos en dos webs y que eso me puso contento en su momento. Me digo que he sacado temas importantes en el periódico. No está mal el de mañana: 'El coche robado en Torrequebradilla que apareció en Jaén con un muerto'. "¿Importantes para quién?" El contraataque del redactor de Provincia del Periódico J de 2019 es kloppista. Ahora decido no responder. No quiero hablar más por hoy. Este año ha sido demasiado largo.



Viernes.
13:18

Esta tarde entrevisto a 'El Brujo'. No me he dado cuenta hasta hoy, pero es algo que llevaba esperando desde... ¿desde cuándo? Siendo muy pequeño, me llevaron a una actuación suya en mi pueblo, que es también el de su infancia. Pensaron que me iba a quedar dormido. Normal, con tan pocos añitos. Sin embargo, aguanté hasta el final ojiplático. Es lo que me cuentan, claro, aunque de aquello retengo algunas imágenes, entre otras, la de su improvisación fuera de escenario, cuando el público se retiraba, ya por la Plaza de la Cruz. Su nombre oficial es otro, pero no lo recuerdo. El de la plaza, digo. Como estoy delante del ordenador, consulto la hemeroteca. Palabras clave: RAFAEL ÁLVAREZ; fechas: de enero del 90 a diciembre del 95, cuando yo no era ni demasiado chico ni demasiado grande. Aparecen muchos resultados. 'El Brujo' representó 'El Lazarillo' en Torredonjimeno en el 90 y 'La sombra del Tenorio' en el 94. Esta última obra tuvo que ser la que yo vi. Veintiséis años desde ese día hasta la entrevista de hoy. Veintiséis años esperando algo sin ser consciente de ello. Veintiséis años que se han pasado de golpe.




miércoles, 29 de julio de 2020

Piterpanes

Jueves.

10:39

 

               El Periódico J es un barco viejo que se mantiene a flote a duras penas. Prácticamente lo único que le ayuda a continuar navegando es la resonancia de tiempos pretéritos y mejores, cuando surcaba las aguas imponente y todo niño enamorado del mar soñaba con ser grumete en sus filas. Hoy sigue un rumbo lento e incierto supeditado a las múltiples veleidades del Capitán Garfio. No se trata este del esbelto y ominoso personaje de la factoría Disney, sino, más bien, del decadente, irascible e histriónico cacique al que interpreta Dustin Hoffman en 'Hook' (1991), un sátrapa de ego ciclópeo afectado por el síndrome Norma Desmond que dirige el cotarro a golpe de látigo y que somete a su tripulación a una serie de caprichos que convierten la agogé espartana en el corro de la patata. Hasta comparte con esta caricatura hollywoodiense el arqueo de cejas a lo media luna, aunque Hoffman, por lo menos, hace gracia.

Igual que el personaje original de J. M. Barrie, el Capitán Garfio del Periódico J agota los días a ramalazos obsesivos, si bien cambiando la espada por la pluma, que, ya se sabe, es más poderosa. El tipo esgrime la palabra con cuestionable destreza, pero sin vacilaciones, con el único objetivo de alimentar su vanidad y la de su troupe, y en la despótica tarea embiste -o lo intenta- contra quien no le baila el agua. No siempre acierta, pero la ausencia de duda en el ataque disfraza de éxito el fracaso.

 

 

12:10

Tengo empezados tres relatos o cuatro, pero no sé cuándo voy a terminarlos. Ni siquiera si los terminaré. A veces me acuerdo de que están ahí, secándose igual que un bacalao en un patio de luz lleno de colillas, mugre y excrementos aviares, y vuelvo a uno de ellos para darle un picotazo. Releo lo que tengo escrito y creía consolidado, pongo este adjetivo detrás de su sustantivo en vez de delante, sustituyo esta coma por un punto y seguido, añado otro parrafito, lo sobo hasta de nuevo creerlo consolidado y lo dejo todo reposando de nuevo. Días después hago lo propio con otro de los tres o cuatro, luego quizás vuelvo al primero y dos semanas más tarde cojo el cuarto, pero me apiado del tercero y también le echo un vistazo. Pero llega un punto en el que es imposible seguir aparcando otras obligaciones y me veo obligado a olvidarme de mis relatos y a aplazar sine die la tarea de corrección.



18:06

Admiro en extremo a aquellos escritores de antes que publicaban en aquellos periódicos de antes los relatos por entregas de antes. Cada semana, una narración nueva o la resolución de la primera parte publicada varios días atrás. Ayer descubrí, por pura casualidad, que cierto narrador lagártico fue, hace treinta años, uno de ellos y que publicaba en el Periódico J. Aprovechando que, de momento, puedo, he rescatado de la hemeroteca virtual varios de sus relatos noventeros, cuya prosa mordaz y joputesca te sume, a ritmo de galope, en un submundo biliar, hiperbólico y desternillante. No puedo pronunciar, empero, el nombre del autor, no vaya a ser que vengan represalias del Capitán Garfio. Mucho cariño, según he leído y me han contado, no se tienen. Como Garfio, hay quienes usan la palabra para regalar oídos y alimentar egos -tanto el propio como ajenos- en vez de para combatirlos. Por suerte, aún quedan piterpanes y robinjudes del verbo.




miércoles, 15 de julio de 2020

Leo poco

Sábado.

11:39

      Leo poco, demasiado poco, pero es que prácticamente siempre estoy cansado para leer -no sólo para leer, sino para todo-, una circunstancia que me irrita sobremanera. Lejos de resignarme, trato de combatir la pesadez de los párpados, la palpitación feroz de las sienes, la leve falta de aire y el hormigueo en las piernas, aunque sin éxito. Convencido de que llegará el momento en el que pueda librarme de esta culpa, no dejo de anotar títulos y autores que considero, a priori, interesantes. Me encantaría confirmar mis sospechas. Lo deseo. Sin embargo, temo que la lista acabe siendo apenas un prontuario al que acudir para convertirme en un jugador experto de la categoría marrón del Trivial. De repente, y por dificultades en el último momento para adquirir billetes, Andrea llega a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado. No la esperaba nadie. Viene de Comala, porque le dijeron que allá vivía su padre, un tal Pepe Carvalho. Llamadme Ismael.



miércoles, 8 de julio de 2020

Jaén arde

Miércoles.
10:48

Jaén arde. Lleva ardiendo un día entero y no hay manera ni de combatir el fuego ni de hallar consuelo. Sirva como ejemplo de esto último una cruel jugada del destino: hoy, tras haber pasado la noche haciendo la cucharita con Hefesto, me he sentado frente al televisor y Netflix me ha ofrecido la escena de Terminator II en la que Sarah Connor muere abrasada tras una explosión nuclear y las llamas se ceban con un parque angelino mientras se ejecuta la sentencia del Juicio Final decretado por Skynet. Salgo ahora a la calle y una bofetada de ventolera cáustica me empuja a la blasfemia: "Su puta madre a caballo". Trato de demostrar más estoicismo que Andy Dufresne en Shawshank, pero pronto reniego de la parte que de machiberismo me corresponde. El pantalón corto ayuda, claro, y he de aprovechar, en este sentido, la mañana, porque en la redacción estoy obligado al recato, lo cual huelga señalar que es del todo injusto. Quizás mis pantorrillas no sean las de Muñoz Escassi, pero sí lo suficientemente soportables a la vista como para no merecerse esta tortura en plena canícula. Quienes sí deberían sufrirla son los que defienden esa concepción casposa del aliño personal. Por el poder que me otorga San Clemente, yo os condeno a cumplir un millón de cadenas perpetuas consecutivas, una por cada una de vuestras víctimas. Que se cumpla.




sábado, 27 de junio de 2020

Fui yo, en efecto

Sábado.
13:06

Hoy, feria pandémica con los amigos. Será un día largo, según las previsiones. La covid lo condiciona casi todo, sí, pero hay cosas que no cambian. Que los días de feria sean largos es una de ellas.

La vida son momentos, que diría aquel, pero, sobre todo, momentos inexplicables. Por ejemplo, cierta noche en el apacible paraje de Las Quebradas, P. C. afirmó con rotundidad, roncola mediante, que Diego Tristán formaba parte, junto a Fonsi Nieto y J. A. H., del trío de los mejores conductores de todo el territorio español. Nadie, ni siquiera el propio P. C., supo encontrar sentido entonces a aquello ni nadie sabrá encontrárselo jamás, pero el caso es que la frase permanece todavía, indeleble, en un hueco de la memoria de todos cuantos estuvimos allí. El mero cumplimiento de las reglas, la mera cotidianidad y, en definitiva, todo lo meramente 'explicable' son presa fácil del olvido. Por ello, a menudo es necesario poner en cuestión lo consabido y entregarse a la locura para no acabar siendo un donnadie, y no me refiero a entregarse conscientemente, sino a dejarse secuestrar y desnudarse, perderse uno de sí mismo, confiar en el camino que le hará tomar el instinto puro antes de encontrar de nuevo la cordura y no poder dar porqués acerca de lo ocurrido. Eso es lo que le pasó a P. C. aquel día de agosto de un año cualquiera, también lo que nos pasará hoy a nosotros en este mediodía de feria en el pueblo y lo que le pasaba, precisamente, a Diego Tristán cuando era futbolista del Dépor de Irureta: aún hoy no están claras las circunstancias exactas que habían de darse, pero, casi siempre que controlaba la bola, le abandonaba la consciencia y alcanzaba de forma repentina un éxtasis creativo -similar al del Johnny Carter de Cortázar- que le convertía en el rey del trile sobre el césped. Mientras su cerebro volaba, sus piernas se movían libres de prejuicios con el balón cosido a la diestra hasta depositarlo con maestría en la red rival. Un segundo después, Tristán regresaba a su cuerpo, y de lo inmediatamente acontecido no recordaba nada salvo la certeza de haberlo disfrutado al máximo, al igual que nosotros disfrutaremos de todo lo que ocurrirá durante este mediodía, este frenético mediodía de feria. Y también tal y como haremos mañana cuando nos pidan explicaciones sobre el día anterior, si al exariete del Dépor le hubieran pedido que contara cómo había ejecutado cierto detalle técnico antes de batir al meta rival en su último partido, habría dicho sin vacilar: "No tengo ni idea de lo que me habla, pero fui yo, en efecto".




Foto: Sport.


lunes, 22 de junio de 2020

Fluidez

Domingo.
23:40

 

               Corría, creo recordar, el mes de noviembre y atravesaba yo la capitalina Plaza de Santa María cuando mi querido F. me abordó vía WhatsApp para confesarme ciertas cuitas amorosas. Decidí contestarle con un mensaje de voz. Aunque recién desayunado y con más energía que un perro en celo, empecé a hablar, lo reconozco, algo dubitativo, pero sólo fue hasta que recurrí al símil futbolístico. El entorno ilustre invitaba a hilar fino, como así creo que hice. Me he sentido tentado de transcribir el mensaje original, sin florituras añadidas, pero cabe esmerarse una vez más en practicar el artificio. Qué es escribir sino embelesar.

Lo que le pasaba a F. es que acababa de sumar un nuevo fracaso en su idealizada búsqueda de su media naranja, algo que en las universidades deberían estudiar bajo el nombre de "efecto Mosby". Para ahuyentar pensamientos absurdos, básicamente pretendí hacer ver a mi amigo que la actitud ante la vida lo es todo, yo, el ser más pesimista de cuantos habitan el planeta Tierra. Le recordé cierta vez que N., él y yo salimos juntos en Jaén, en junio o julio del año pasado, cuando no rondaban su cabeza ideas sobre el despecho y el desamor dignas de alimentar guiones de sitcoms norteamericanas. "Ahí estabas tú pletórico, ahí no había huevos", le indiqué, en un alarde de facundia. "Hay que dejarse llevar, hay que afrontar el día a día con más... cómo te digo yo... igual que Rodrygo controla el balón, con fluidez". Cariocas, uno nacido en el 2000 y otro en 2001, extremos, apuestas de futuro, incertidumbres. Son distintos, pero la comparación entre Vinicius y Rodrygo desde que aterrizaron en Madrid es inevitable. Por entonces, la diferencia definitiva entre ambos, para mí, estaba bastante clara y concernía a lo psicológico. Vinicius representaba el paradigma del hombre preocupado. El miedo a los pitos, el peso de los 45 o 50 kilos que costó, el conflicto entre ser fiel a uno mismo y repetir lo que antes acabó en error aunque acabara en error o intentar algo nuevo porque se supone que es lo más correcto, lo más lógico, dos conceptos altamente inflamables. Y ya se sabe: quien juega con fuego, termina quemándose. Igual que ahora, Vinicius en noviembre ya regateaba, porque siempre lo ha sabido hacer, y solía salir exitoso de los duelos, pero luego llegaba el momento de pensar con frialdad y acontecía el descalabro. Literalmente: se caía. Se tropezaba y al suelo. Un mal golpeo de balón, un intento de exhibición técnica en lugar de una solución práctica que acababa en estrépito. Sabía el cómo, pero no el porqué. Palabras sueltas sin relación alguna entre sí, un cúmulo de frases perentorias y rimbombantes pero carentes de orden y contexto. Por el contrario, Rodrygo -le expliqué yo a F.- actuaba por puro instinto. "Controla con suavidad, como una anguila en el agua, pum, controla, regatea, parece... un... parece un... un... un gusanillo moviéndose, pum, por eso lleva dos goles en tres o cuatro partidos de liga que ha jugado y Vinicius ha marcado sólo dos entre el año pasado y este", detallé antes de sentenciar: "Hay que ser más como Rodrygo".

Cuatro meses después, Vini abrió la lata en el recordado Clásico pre-covid que terminó 2-0 para el Madrid, una actuación decisiva que alimentó tímidas esperanzas. Hoy, ocho meses más tarde de aquella conversación por WhatsApp, el brasileño vuelve a destacar en un partido de forma notable. Hay más seguridad en su proceder, menos precipitación. Parece haber aprendido de parte de sus errores y haberse ganado la confianza del vestuario. Ahora sus movimientos y decisiones en el campo se suceden en base a un envidiable rigor sintáctico. Debería coger el teléfono y confesarle a F. mi habilidad escasa para el consejo. Está claro que no hay un sólo camino hacia la felicidad: tanto en lo amoroso como en lo futbolístico también se puede ser como Vinicius.



Fotografía: EFE.


jueves, 18 de junio de 2020

Me quedará la palabra

Martes.

22:43

      Apenas puedo mantenerme en pie. Me siento débil, debilísimo, tanto como un sietemesino. Si alguien me soplara, me diluiría en la atmósfera en una fracción de segundo, si me tocara, provocaría mi derrumbe inmediato, como si fuera un mero azucarillo. Ceniza, escombro y barro. Hoy sólo quiero silencio y alejarme todo lo posible de los gritos furibundos, pero no consigo dejarlos atrás. Dudo que alguna vez lo logre, del mismo modo que hay manchas que duran toda la vida. A mí esta me acompañará siempre.
      Destacar en un titular que Francisco Javier A. G., el presunto asesino de María Belén S. R. y sus dos hijos, era "un hombre de buen trato y correcto", ha sido un error grosero que, aunque no haya dependido sólo de mí, siento como propio. Y se trata del enésimo que uno comete, sí, pero también es el que más me está doliendo, no por la repercusión que ha tenido, ni tampoco porque personas que me conocen y otras a las que sigo y admiro me tachen de energúmeno y digan que soy basura, sino porque no suma, más bien resta, en la necesaria lucha contra la violencia machista, lo cual, dicho así, de forma tan sencilla y directa, suena a hambre de redención barata, a obligada impostura. Por ello siento la necesidad de explicarme más a fondo, de hacer ver que, por supuesto, no pretendía, como he leído, ni blanquear la figura de nadie ni tapar un crimen, que yo no soy así, que no quiero ser así en absoluto y que este error responde bien a la inexperiencia, bien al mal criterio, pero lo único que acierto a hacer es pedir disculpas.

      He vuelto a caer de espaldas. Debería estar inconsciente, pero mantengo los ojos abiertos. De nuevo me sobrevuela la duda acostumbrada: ¿valgo yo para esto?


Miércoles.

11:24

      Hay quien está deseoso de apuntarse un tanto moral a diario. Lo malo es que le basta con escribir un tuit para darse por satisfecho e irse a la cama con la conciencia tranquila -algunos lo hacen simplemente por puro proselitismo-, caiga quien caiga y aunque el encajador esté en la misma trinchera que la suya. No, nadie lo comprueba antes de un ataque tuitero.
      Aquellos con quienes habitualmente estoy de acuerdo, con quienes comparto hasta credo y argumentario, hoy se atreven a afirmar sin miramientos que soy "un mal profesional y una mala persona". Un titular desafortunado -y aislado- les basta para condenarme en juicio sumarísimo, pero -y no tendría que ser necesario- hay que recordar que el que no cojea, renquea.
      Huelga decir que, por supuesto, mis ideas acerca del machismo se mantienen firmes. Seré claro: estoy convencido de que erradicar la cultura heteropatriarcal a través de la educación y la concienciación es posible. Yo continuaré usando mis armas para contribuir a la causa, como hasta ahora, en la medida que pueda, porque siempre, y digo siempre, me quedará la palabra.